julio 28, 2008

En busca de un argonauta



Todo empezaba con una pequeña gotera, y de repente su habitación se convertía en un inmenso mar, compartir la cama era entonces, navegar hacia la profundidad de ese océano. Sin embargo, no todos los tripulantes estaban dispuestos a llegar hasta el final, algunos preferían arrojarse al agua antes que compartir la vulnerabilidad del viaje; otros trataban de aventarla a ella en pleno mar abierto. Incluso, la última vez estuvo a punto de morir entre los dientes feroces de un tiburón hambriento y, aunque estaba acostumbrada a viajar sola, navegar a ese nivel era imposible sin compañía, por eso se aferraba tanto a buscar un buen acompañante, capaz de mantenerse a bordo del barco por lo menos durante el tiempo que durara el traslado hasta volver a tocar tierra. La profundidad del mar era aterradora pero también había algo de eso que le fascinaba como ninguna otra cosa en el mundo. Y ahora, después de tanto recorrer las enormes aguas marítimas, por primera vez sentía la claridad de buscar más allá del tacto, transgrediendo las búsquedas visuales que solo la habían llevado a dejarse llevar por el engaño de falsos viajeros, los que fingían estar dispuestos a experimentar el frío implacable del agua, los que se aferraban a la superficie terrestre, los que la dejaban sola en alta mar.
Por el momento, regresó a su puerto, espera y sabe que aparecerá el argonauta capaz de sostener el barco sin la horrible sensación de estar al borde, con la incertidumbre de poder morir ahogada.



Imagen: Eugenio Recuenco

julio 11, 2008

Renuncia Irrevocable





En su piel se desliza el tiempo, es solo cuestión de dejarlo ir, no hay más por el momento. Tan solo permitir que las palabras vuelen como mariposas fugitivas; no hay conceptos, no hay lenguaje, solo queda el cuerpo con su renuncia irrevocable.





boomp3.com


Imágen: Eugenio Recuenco

julio 03, 2008

On My Way




Cocoon

junio 26, 2008

Secuelas de un Shock Epidérmico





No sucedía todas las noches, pero cuando pasaba, eran los peores momentos de su vida. Algunas veces, cuando él intentaba dormir, ella aparecía por su ventana y realizaba para él una danza de movimientos tentadoramente insoportables. Desde la lejanía se iba escuchando el aterrizaje acentuado por sus zapatillas de tacón, sonido que provocaba en él un completo shock epidérmico; y ella tan diabólicamente segura de su infinita belleza, se burlaba de él provocándolo, restregando su cuerpo en el cristal que se empañaba con su aliento. Él se retorcía en la cama e intentaba taparse con las sábanas para no mirarla, se esforzaba con todas sus fuerzas para negar la presencia de esa mujer con alas que deseaba culposamente, pues no podía permitirse caer en la trampa de ese cuerpo que se le entregaba libremente, como una luciérnaga que ilumina con su ingenuo brillo el camino de alguien que se niega a estar acompañado.

Para ella, esta situación resultaba divertida, pues efectivamente con la soltura que la caracterizaba, no tenía hasta ese momento nada puesto en juego, salvo la posibilidad de estar con él, de llevarlo lejos de esa habitación en la que permanecía cautivo, en su mundo de mentiras en el que vivía como conectado a un respirador artificial, protegido y medio muerto. Ella jugaba, se burlaba de él y de sus estúpidos límites y se había propuesto seducirlo hasta transgredirlos, hasta que cediera a la tentación y se fugara con ella a un mundo vivo, peligroso y contaminado, pero real.

Una de esas noches, ella llegó especialmente incitadora, se fue acercando hasta el cristal de la ventana y al sentirse contemplada, dio inicio a su danza cadenciosa y juguetona como siempre, pero esta vez quería llegar un poco más lejos, entonces comenzó a desnudarse lentamente; él temblaba de deseo, de pánico, nunca la había apetecido tanto como esa noche, nunca se había percatado de cuan hermosa era. Pero sufría, sufría demasiado, pues para tocarla tenía que traspasar los cristales que lo separaban del mundo al que había renunciado con la convicción de no volver jamás. Desesperado trataba de no mirarla pero no podía, sus ojos estaban completamente hipnotizados por ese cuerpo maravilloso y lleno de vida.

Se dejó llevar, rompió los cristales con desesperación y la tomó entre sus brazos, la besó con tanto deseo que estaba a punto de colapsarse, la acarició impetuosamente, recorriendo todo su cuerpo, pero al rozar sus alas, sintió un inmenso odio que no pudo contener y descubrió que más que la tentación de estar con ella, era la ambigüedad de poseerla y destruirla lo que lo atormentaba, sin embargo, dominaba el odio que le despertaba esa maldita mujer que comenzó a estrangular con toda su ira.


Aun no se explica cómo pudo huir de aquel hombre que resultó envenenado, solo recuerda que estuvo a punto de morir entre sus manos. De las secuelas, ni qué hablar, pues todavía no le vuelven a crecer las alas que perdió esa noche, y aunque no está segura de que las recuperará y a pesar de que nunca se imaginó que estaban en riesgo, sabe que encontrará otra manera para poder seguir volando.
Imágenes: Lilya Corneli

junio 23, 2008

Any More







Aaron Thomas

junio 06, 2008

La mujer que se rompió para encontrarse...





“Hay en las cosas que se rompen
algo como un deseo
de escaparse de sí mismas
para luego buscarse
en otros sitios”

Gabriela Aguirre Sánchez






Se internó en la profundidad de un bosque, los árboles tenían una espesura tal que difícilmente lograba penetrar la luz de la luna, no tenía miedo, esta no era la primera vez. Continuó caminando hasta que sus piernas, con agudas punzadas le recordaron la sensación de cansancio, esto la reconfortó bastante, su objetivo de alguna manera se estaba logrando, así que encontró debajo de un árbol enorme el lugar perfecto para descansar.

Se quedó dormida y soñó: una sombra de largas uñas se recostaba a su lado y rasgaba su vestido suavemente mientras emitía un sonido extraño, algo como el ronronear de un gato maduro. De repente comenzó a sentir miedo, tanto que trató de moverse para despertar y huir, pero el ronroneo se fue convirtiendo extrañamente en un aullido, el aullido de un hombre lobo. Despertó precipitadamente, su corazón saltaba con tanta fuerza que podía escuchar sus propios latidos, sin embargo, un efímero alivio la reconfortó, pues tan solo había sido una pesadilla, pero, al cabo de un lapso de silencio, lo volvió a escuchar; entonces entendió, lo había encontrado, era el momento de encarar los resultados de su búsqueda.

Se quedó quieta, tratando de relajarse y controlar el temblor que dominaba todos sus músculos, sabía que no había marcha atrás, además los aullidos, que cada vez se intensificaban más, la fueron atrayendo de una manera que difícilmente podía eludir. Se fue dejando llevar hipnotizada hasta encontrarlo, él estaba ahí y le aullaba a la luna de una manera tan lastimera que, sin darse cuenta comenzó a llorar. Sentía su rostro empapado y una fascinación tan profunda que lo amó en ese instante, se dejó perder en la inmensidad del bosque y en la intensidad de los aullidos de ese hombre-lobo. Por lo que decidió acercarse, quería tocarlo, abrazarlo, besarlo hasta que dejara de aullar tan tristemente.

A pasitos lentos se fue acercando y cuando estuvo a punto de tocarlo él volteó para morderla violentamente, no pudo esquivar la mordida, sin embargo entendió el peligro en el que estaba y comenzó a correr, no sabía en donde tenía la herida, sin embargo su vestido estaba empapado de sangre. Mientras corría podía sentir todo su cuerpo, toda enterita estaba huyendo para salvar su vida, el problema es que estaba perdida, ya no sabía por donde regresar, pero siguió corriendo, él iba detrás de ella y cada que lograba alcanzarla no perdía la oportunidad de lastimarla. Pero algo inesperado pasó, ella cayó en un hoyo recóndito del bosque, se fue hundiendo hasta tocar el fondo completamente rota en pedacitos, como una pieza de cristal que se transforma hasta que no queda ni un ápice de lo que era.

Ha pasado mucho tiempo de eso, cuentan algunos que desde esa noche un espíritu delicado y luminoso se pasea entre los árboles, pero la verdad es que ella encontró otro espacio para vivir y ahora está contenta pues al romperse no solo escapó del hombre-lobo, también descubrió que rota, ya no tiene nada qué perder y sí nuevas formas de caber en la inmensidad de cualquier esfera.
Imagen: David Field
Cuentito dedicado a Noemí Mejorada, la mujer a la que no le importó romperse para encontrarse en otro sitio.



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mayo 28, 2008

Un refugio para besos viajeros y sin reloj...





Huían, ellos huían del frío, del calor, del dolor, de la costumbre y antes de llegar al refugio temporal estaba todo claro, tuvieron mucho tiempo para plantear la situación en la que se darían las circunstancias, por lo mismo habían postergado ese momento. Cada uno se protegía a sí mismo de las posibles consecuencias y también se cuidaban mutuamente. Ella temía porque conocía su gran capacidad de adhesión y porque después de lo que pasara entre ellos no tenía un suelo muy firme para aterrizar. Él tenía miedo porque a pesar de contar con un lugar seguro para tomar tierra, no le era suficiente, y para eso se necesitaban.

Llegaron a una esfera apartada de su mundo cotidiano, muy lejana y también muy hermosa; ella apretaba sus manos y hacía nudos su vestido, en el fondo una extraña emoción, que no se quería permitir abiertamente, le apretujaba el corazón. Él entró en un silencio profundo, sin embargo cada vez que la miraba dejaba ver mucha familiaridad e incluso ternura en sus ojos. Alguien abrió la puerta de esa esfera y se permitieron entrar suavemente, como prófugos que no quieren ser reconocidos, tenían un poco de resistencia más no la suficiente para renunciar, además a esas alturas ya era demasiado tarde.






Estando ahí, adentro, sin una sola ventana que los enlazara con el exterior, iniciaron un ritual de besos ladeados en los que sus cabezas se movían en direcciones opuestas, con mucha dulzura mientras ella inclinaba su cabeza hacia atrás, él le daba una serie de besos inclinados y directos en los que se mordisqueaban y se acariciaban levemente con la lengua. Se llenaron de caricias, de apretones, de besos nominales, besos distractores, de besos viajeros y sobre todo, de besos sin reloj, abrieron una dimensión en la que sus fantasmas y sobre todo, su realidad se había quedado flotando afuera, se crearon un mundito atemporal en el que no importaba nada más que sentirse, olerse, lamerse y dejarse derretir hasta plantar el beso definitivo que quedaría para el recuerdo.








Pasó esa noche, lentísima y espesa, durmieron agotados sabiendo que el amanecer les traería el golpe certero de la realidad. Y así fue, una alarma estridente rompió con el sueño profundo al que se habían entregado, era momento de partir, de salir de su burbuja, de abrir las ventanas y permitir sin resistencia que la verdad inundara la habitación, la cama y todo lo que efímeramente había sido para ellos. Ella, en un intento infantil por evadir lo que venía, trató de esconderse bajo las sábanas, sin embargo sabía perfectamente que el futuro era inevitable, había que regresar inmediatamente. Él sencillamente como soldado resignado a morir en la guerra, se puso en pie para iniciar el retorno.

El camino de regreso se caracterizó por un silencio extraño, de recuperación y de asimilación, a cada uno se le iban pegando sus propias sombras, sus cicatrices y sus huecos hasta volver a ser los mismos, pues no tenían otra opción. Ella se quedó en un lugar suave, sin embargo sus pies no se pegaban del todo al suelo; él siguió un camino largo pero conocido, tan conocido que hastiaba. Su despedida fue insustancial, ya no había nada qué decir.



Imágenes: Eugenio Recuenco

Dedicado a Félix, El Embajador de un país muy lejano al mío, con mucho cariño por compartir esa historia y dejarla en mis manos.

mayo 19, 2008

Animales Tristes...




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mayo 12, 2008

Maquillistas Profesionales









A ella le gustaba mucho encerrarlo en un frasco de cristal y hervirlo a “baño María” después da tanto tiempo se había hecho experta en técnicas de conservación; a él le gustaba someterla a cambios drásticos de temperatura, disfrutaba horneándola lentamente para después meterla en el refrigerador; ella lo maceraba, lo salpimentaba y lo espolvoreaba. Él la salaba, la endulzaba y la sancochaba, pero lo que más le gustaba era asarla y desvenarla. A ella le encantaba deshebrarlo o cernirlo, aunque también se excitaba capeándolo.

Se construyeron, se inventaron, se pusieron colores. Armaban planes y cuentos, se imaginaban, se visualizaban, se tejían, se hacían y se deshacían. Se cocinaban, se agregaban y se quitaban ingredientes, se enfriaban, se calentaban, se congelaban, se encerraban, se salían, volaban, aterrizaban, se mataban, se resucitaban, se tomaban de las manos, se descomponían y se reparaban.

Y no eran reales, nunca lo fueron.



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Imagen: Henrik Halvarsson

mayo 01, 2008

Relato de una Cebra Devorada




Entró por la puerta principal, sin permiso pero con el cinismo que caracteriza a los intrusos. Se metió intempestivamente, feroz como un león hambriento, tan seguro que ella no lo pudo detener. Lo dejó pasar hasta el fondo, hasta sus huesos.

Completamente ensangrentada ella necesitaba gritar que una bestia desconocida la estaba deshebrando pero no quería delatarlo, deseaba más. Ese animal conocía perfectamente las leyes de la cadena alimenticia y ella era la presa perfecta: vulnerable, un poco hostil y lo mejor de todo, con el corazón mirando hacia otro lugar.

Algo la detenía a dejarse partir en mil pedazos, quizás la culpa por permitir que un completo desconocido la devorara. Sin embargo, nunca nadie había intentado destazarle el cuerpo con tanto placer, ese placer que duele en las piernas y aunque trató de huir, con la poca fuerza que le quedaba, no pudo, el animal no se iría hasta saciar por completo su hambre; por lo que lo alimentó, sin amor, sin ternura, incluso con una pequeña dosis de odio, pero le dio de comer, asustada, enojada, pero también extasiada, tan satisfecha que reservaría ese gozo como un secreto que solo ella sabría, nadie más.






A la mañana siguiente era una cebra con el cuerpo completamente despedazado y él se había ido sigilosamente. Ella se fue reconstruyendo poco a poco hasta ponerse en pie para recapitular en su cabeza los hechos. Fue real, pasó y ahora con todo y la división que le implicó ese encuentro, quiere volver a verlo, a esa fiera salvaje que devora como ningún otro. Pero no sabe dónde encontrarlo, solo queda esperar, quizás con el tiempo él también quiera regresar, finalmente así son los animales indomables, siempre retornan cuando tienen hambre.
Imágenes: Nicolás Henri

abril 22, 2008

En Busca De Una Boca




Perdió su boca y tenía un problema, ya que no sabía si se trataba de irse, de quedarse, de regresar o de salir corriendo, por ahora los recursos vitales eran la inmovilidad, el silencio y el encontrar en el vacío un poco de fe. Era un lapso de completo caos a su alrededor, sin embargo ese no era el conflicto real y lo sabía perfectamente, había algo más en la profundidad que aun seguía tambaleándose.

Caminaba por los pasillos de su nueva casa a tientas, intentando conocerla y buscando en su interior una respuesta que el mundo de afuera no le ofrecía, los elementos existentes no le proporcionaban la información que necesitaba y peor aún, le estaba costando mucho trabajo adaptarse a ese nuevo espacio. Tocaba su rostro y en su mirada percibía una oscuridad que le aterraba, desde hace algún tiempo se había prometido no volverlo a hacer, no volver a alejarse de su boca, pero ya era demasiado tarde, otra vez la había perdido y tenía que ir en busca de ella.

No sabía por dónde empezar pues a pesar de tener mucha claridad respecto a las razones de la pérdida se le estaba complicando el plan de búsqueda. Pasó noches enteras trazando mapas, estructurando rutas y estrategias, pues no tenía ni la más remota idea de dónde pudo haberla perdido. Recordaba muy poco del accidente, solo tenía leves rastros de una imagen en la que entraba una sombra por la ventana y después de eso no recordaba nada más. Las veces anteriores había sido más fácil pues siempre tenía un lugar concreto en el que sabía que encontraría lo perdido, por ejemplo, cuando buscó sus ojos directamente en un pozo de agua en el que estuvo a punto de morir ahogada. Ahora era distinto pues su conciencia no tenía rasgo alguno de lo sucedido, por lo que las características de esta pérdida apuntaban hacia algo que no le gustaba nada: había que ir al este y cruzar un largo mar. Estaba en su sino, las cosas difíciles de encontrar aparecerán en ese lugar, pero las implicaciones eran difíciles de aceptar pues el trayecto estaba lleno de obstáculos, espejismos y trampas, además de largas horas de angustia y desazón. Sin embargo, no quería continuar con ese mutismo y se armó de valor para salir al rescate de su boca.

Antes de partir decidió poner un poco de orden a su casa, ya que sabía que estaría lejos por mucho tiempo, y al estar limpiando la alacena encontró una puertita extraña cuya existencia desconocía por completo y a la que bastó con dar un leve empujoncito para abrir. Descubrió algo inimaginable: un hermoso jardín lleno de flores, sorprendida se fue acercando poco a poco a ese lugar escondido, mas no podía creer lo que sus ojos estaban viendo y menos cuando al estar dentro pudo ver toda una gama de colores que jamás había contemplado antes; árboles, plantas, un cielo hermoso y hasta un pequeño chopo que era más profundo de lo aparente. Se sintió tan feliz que casi olvida su misión, pero hubo algo que le sirvió para recordarla, más adentrito del oasis encontró una bella amiga que la acompañaría en su búsqueda, una hermosa vaca amarilla, tan bonita y tan tranquila que al verla supo sin lugar a dudas que sería su acompañante y guía rumbo al este. Ambas se miraron con una complicidad implícita, ella prometió alimentarla y cuidarla, por su parte la vaquita amarilla únicamente se limitó a sonreír, y justamente cuando cruzaron la puerta para emprender la búsqueda, misteriosa y mágicamente recuperó su boca, su voz, su lengua, sus palabras. Gritó de gusto pues entonces ya no era necesario partir al este, su boca estaba ahí en ese edén escondido. Agradeció alegremente a su nueva y amarilla amiga, quien desde entonces se quedó a vivir en el jardín mágico de su alacena.



Imagen: Alex Lucka

abril 14, 2008

Homicidio Imprudencial







“Sólo quien guarda las armas bajo llave tiende a disparar sobre todos los demás”

Clarice Lispector, “Cerca del corazón salvaje”



En silencio, lento, casi imperceptible se repetía el peligro, una y otra vez regresaba el agua, lo abismal. Su memoria se desdoblada, se multiplicaba en miles de partículas y no podía, no podía dar paso a nadie más. Su corazón ha tenido un punto de referencia perdido, y la tendencia a caer en el agujero del vértigo lo atrapa, lo envuelve como insecto perdido en una telaraña. Es la ceguera y el miedo, no hay espacio, no hay tiempo y todos sus movimientos hieren. Su boca se ha convertido en un revólver, involuntario quizás, pero revólver al fin.




Imagen: Bekan

abril 04, 2008

Retazo de un incendio provocado


El incendio se llevó todo su bosque, desde ese día sus esfuerzos por encontrar un orden cronológico son inservibles, no ha podido hilar los sucesos de una manera ordenada y mucho menos coherente. Desde tiempo atrás pareciera que su mano derecha intenta reconstruir inútilmente el cadáver que su mano izquierda se empeña en destazar.
Imagen: Nicolás Henri

marzo 28, 2008

La Taxonomista de Mounstros




Tenía todo un cúmulo de mounstros, de diferentes tamaños, colores y formas, toda su casa estaba llena de ellos y es que desde que decidió asumir su condición emancipada comenzaron a salir ilimitadamente. Al principio estaba muy asustada pues ignoraba la existencia de tales seres en su mundo. Después comenzó a sentir una especie de familiaridad con ellos, pero con el paso del tiempo una imperante necesidad de orden la llevó a comenzar una fuerte actividad de clasificación, sobre todo para rescatar aquellos que realmente le pertenecían.

Clasificación No. 1: “los mountros adoptados”, aquellos que por alguna extraña razón le habían resultado agradables, útiles o necesarios pero que no eran del todo suyos y que había decidido llevarse a casa.

Clasificación No. 2: los mountros del tipo “dije burro y quisiste viaje”; aquellos que simplemente se le fueron pegando en el camino pero de los que ella no era del todo responsable ni consciente. Éstos sencillamente eran innecesarios pero estaban allí holgazaneando en su casita.

Clasificación No. 3: "los mountros ajenos y desgastantes"; éstos eran los más importantes porque su origen se debía a la existencia de otros personajes de su vida, por lo que requerían una sub clasificación de acuerdo a la persona de quien provenían, por lo que en la pancita de cada uno colocó una etiqueta que decía algo así: “mounstro de mamá” o “mounstro de Jorge” (su ex) o “mounstro mordelón especialmente peligroso de la abuela Nicolasa”, “mounstro gordo y vampiro tóxico de mi tía Chelito” o “mounstro inútil y pesado de mi papá”.

Y así poco a poco fue culminando esa extenuante y necesaria tarea para después llegar a una difícil decisión: cuáles mountros se quedarían y cuáles era necesario correr de la casa. No sería cruel con los que expulsaría de su mundo, pues sabía que en algún momento de su historia fueron útiles o le ayudaron a sobrevivir en su entorno, sin embargo sí sería determinante con su decisión y, de acuerdo a la etiqueta colocada fue seleccionando mounstritos, unos como fieles compañeros y otros para despedirlos con un dulce beso en la frente.

Y fue así como los que se quedaron pudieron disfrutar de un espacio más libre para correr por toda la casa, y ella de vez en cuando los detenía para observarlos y acariciarlos con detenimiento evocando con el tacto el momento en el que los eligió como compañeros.
Imagen: Henrik Halvarsson

Don´t let Him Waste Your Time

marzo 11, 2008

El Alma en Bocanadas




Cada vez era como empezar de nuevo, como si nunca lo hubieran hecho; ella lo contemplaba todas las mañanas a través de su ventana; él fumando, expulsando bocanadas en espiral, llamándola y mirando de reojo a la mujer que lo espiaba sigilosamente. Él lo sabía, pero fingía que no y la atraía con el humo que moldeaba suavemente con sus labios. Ella salía de su escondite y se iba acercando a él, despacito, sin hacer ruido, sintiendo su propio peso en las plantas de sus pies descalzos.
De repente ella caía, caía al vacío infinito de un abrazo trepador, cerraba los ojos y surgía el desmoronamiento instantáneo en el que su muerte se acercaba lentamente, experimentaba el vértigo y la sensación de caer sin resistencia alguna. Después, en un abrazo de tacto se sumergía en un profundo océano de luces silenciosas en el que su cuerpo cobraba otro estado físico y se derretía perdiendo por completo su forma humana. Finalmente con el apretón en el que sus muslos se entrelazaban, se desprendía expulsada por una fuerza extraña hacia el espacio exterior, se transformaba en estrella fugaz y le gustaba, le aterraba y le gustaba. Sus abrazos eran un gran puente de unión bilateral y también eran un enlace que ella utilizaba para trasladarse a una zona de desprendimientos y muertes chiquitas lentísimas.
Tenían una relación completamente lúdica en la que ella jugaba a morir de amor y él a matarla lentamente con abrazos que le secuestraban temporalmente la cordura, pero ese juego terminaría hasta que él quisiera y ella lo supo una mañana que despertó como de costumbre dispuesta a iniciar el ritual de espionaje y de fingida ingenuidad. Se asomó por la ventana y él estaba allí, exhalando fumarolas con las que ella comenzó a enfermarse, en su pecho experimentó la sensación de un puñal que atraviesa todo lo que se encuentra a su paso, sus piernas se fueron doblando poco a poco hasta caer, en un intento de fortaleza quiso mirarlo por última vez y descubrió todo: el diablo se estaba fumando su alma. Hizo un pacto silencioso con él y había llegado el momento pagar.
El frío y la soledad la orillaron a aceptar un trato cuyas cláusulas eran invisibles, finalmente valía la pena morir teniendo la certeza de haber explotado el corazón hasta la última gota y sin miedo.

Imagen: Nicolás Henri

marzo 06, 2008

El Bosque Enfermo de Katherine




No tenía una idea muy clara de cómo la quería pero empezó a tejer en su cabeza. Sabía el color, la textura y la densidad, más no la forma ni el tamaño. Poco a poco fue permitiendo que sus manos se dejaran llevar por movimientos ligeramente voluntarios y así la fue construyendo, sin patrones, sin un modelo ni una imagen concreta, puntada tras puntada, hilo con hilo fue dándole forma a esa prenda que en realidad era un plan. Tenía varias noches escuchando voces en su cabeza “la venganza es un plato que se come frío”, le decía una de ellas y cuando escuchaba esto apretaba fuertemente los hilos de su tejido y desde sus vísceras ese proyecto iba adquiriendo una claridad cada vez más satisfactoria. No lo haré, pensaba en algunos momentos de lucidez inusitada; sí, si lo haré se contestaba con un tono de voz tan distinto al anterior que parecía venir de otra persona totalmente diferente. Pasaron varios meses tejiendo y destejiendo, agregando colores e incluso nudos, transcurrieron noches enteras con diálogos internos interminables, escuchando todo un collage de voces que se contradecían y se entremezclaban hasta la saturación insoportable. No-lo-haré/Sí-lo-haré/La-venganza-es-un-plato-que-se-come-frío/noloharé/síloharé/lavenganzaesunplatoquesecomefrío.

Una mañana Katherine despertó con sus tres voces más fuertes que de costumbre, miró a John, su marido dormido y lo odió como nunca antes lo había odiado. Tuvo la certeza de inmediato, su telar ahora tenía una forma perfecta y sería para él, aún cuando la memoria tuviera otros rostros y otras historias verdaderamente dolorosas, esa prenda tejida desde su locura sería para él, para nadie más.

Treinta y siete puñaladas pusieron fin a la vida de John; Katherine extrajo un cuchillo de carnicero del matadero donde trabajaba y con él apuñaló y descuartizó a su marido, más este plan no terminaría en ese punto, decidió congelarlo por partes para irlo cocinando con legumbres en salsa, platillo del que se alimentaron sus propios hijos ingenuamente.

Katherine tejió su venganza, y envuelta en su telaraña puso fin al mundo que habitaba fríamente para entregarse a otro del que nunca saldrá para contarlo.


Nota: basado en un hecho real ocurrido en Australia en Febrero del año 2000. Se puede leer sobre el caso en el blog maltratadoras.blogspot.com

Imagen: Danapra

febrero 27, 2008

El Compañero Incómodo


Cada vez que abría el refrigerador lo veía, todas las noches estaba ahí, congelado, con la cara totalmente maligna y petrificada. Se burlaba de ella, que espantada, cerraba con un portazo el aparato y salía corriendo de la cocina tratando de convencerse de que no era real lo que había visto. Sin embargo a la noche siguiente volvía a suceder, ella confiada abría el refrigerador para sacar algún alimento y él estaba ahí, mirándola en silencio con ojos escrutadores y burlezcos. Ella lloraba cada vez que lo veía, se paralizaba de miedo y utilizaba toda una serie de recursos para huir de ese mounstrito impactante que no se atrevía a tocar ni a sacar de ahí.

Él era un mounstrito que ignoraba su origen, un día apareció de la nada dentro del refrigerardor de una mujer a la que disfrutaba torturar con su imagen, nadie le había dado semejante consigna, sin embargo, en cuanto ella abría el refrigerador, automáticamente se disparaba en él un instinto perverso que lo impulsaba a asustarla, pero cuando se percataba de su reacción y de la cara de sufrimiento que ella mostraba, se arrepentía terriblemente.

Ninguno de los dos entendía la existencia del otro, cada noche sucedía lo mismo, ella abría el frigorífico y él la asustaba; hasta que de repente, sin darse cuenta, habían construido una rutina de espanto y reparación de la que cada vez eran más dependientes, tanto, que cada uno esperaba el momento del día en el que sus caras se topaban para después separarse súbitamente.

Hasta que un día ella decidió romper con esa cadena de encuentros y desencuentros, pues estaba comenzando a angustiarse por el lejano contacto con ese ser que la atormentaba y que al mismo tiempo, por una extraña razón, estaba comenzando a necesitar. Ella se preguntaba acerca del origen de esa criatura espantosa, se cuestionaba acerca de sí misma y del miedo que experimentaba al verlo; no encontraba respuesta alguna, la única certeza que tenía era la de saber que estaba dispuesta a enfrentarlo. Por lo que una noche, de ésas en las que el insomnio se hace presente, decidió levantarse y sacarlo de la nevera, tomarlo entre sus manos y acariciarlo suavemente hasta descongelarlo, pero al momento de abrir el refrigerador se dio cuenta de que él se había esfumado, lo buscó desesperadamente, sacó los jitomates, las fresas, la carne y nada, no encontró un solo rastro, él había desaparecido. Se quedó pasmada ante semejante revelación y hasta la fecha no está del todo segura de la existencia de ese mounstro con el que, a pesar de todo, tantas noches se sintió acompañada.

En cuanto a él, nadie lo ha vuelto a ver porque nadie sabe que ahora duerme tranquilamente en el refrigerador interno de ella y que está dispuesto a despertar cada vez que sea necesario, cada vez que haya que enfrentar noches de insomnio y días amarillentos de desolación.

Imágen: Henryk Alvarson

febrero 25, 2008

Ella también regresó a Su Casa



"New Soul"

Yael Naim

febrero 21, 2008

Confesiones de una Medusa de Mar Culposa







Mi presencia en algunas costas se ha convertido en un hecho frecuente, sobre todo en tiempos de soledades y ataques de pánico, esos temporales me acercan hasta la orilla, soy un fenómeno natural que no puede ser detenido, ya que no depende de mi voluntad ni de la de ningún hombre.

Te aseguro que no ataco por placer, tengo unas células urticantes, conteniendo en su interior un veneno y cuando lo suelto, es para cazar o para defenderme de algún peligro real o imaginario.

Por norma general, mis picaduras no suelen ser graves, aunque siempre hay excepciones.

Si hay algo que caracteriza a esas picaduras es la molestia y el ardor que representan.

Síntomas de la picadura de medusa:

Los síntomas comunes a las picaduras de medusas sin contar con que la víctima sea alérgica o tenga algún tipo de enfermedad que haga variar estos, son:

Dolor, emocional y físico
Ardor, emocional y físico
Inflamación, de la parte afectada y sobre todo del lado izquierdo del cuerpo
Enrojecimiento, principalmente del alma
Sangrado, solo en casos extremos y principalmente en la cordura

Primeros Auxilios ante una picadura de medusa:

Cuando una medusa te ha picado, el dolor y picor es inmediato, lo primero que hay que hacer es limpiar la zona afectada por la picadura, si es posible con caricias autoaplicadas.


Nunca deberemos usar agua dulce, ya que aunque parezca increíble, hay aguas dulces muy embusteras que rompen las células urticantes y puedes sufrir otra picadura.


Para limpiar la zona, el suero fisiológico es perfecto y también la saliva de algunos bellos recuerdos.


En caso de no haber, el agua salada también podrá ser una solución, principalmente la que sale de los ojos o de las nubes de otoño.


Durante 15 minutos aproximadamente deberás aplicar frío y resguardo a la zona afectada, no aplicar el hielo directamente sobre la picadura, sino cubierto con algún paño o toalla, si se tiene la posibilidad de recurrir a la mirada de algún oso polar o pingüino, esto será de mucho alivio.


Si hay algún resto de tentáculo adherido a tu piel, debes quitarlo, pero nunca con las manos. Utiliza unas pinzas. Y si esto sucede toma en cuenta que te has quedado con una parte de mí y que eso para mí tampoco es fácil.


También se administrará un antihistamínico, para la reacción y un analgésico para el dolor.


Si el dolor es muy intenso o el estado de la víctima empeora, deberá acudir a un refugio de inmediato.


No hay que frotarse ni con toallas, ni con arena, ni con sirenas, ni con nada que pueda lastimarte más.


Y sobre todo, es cuestión de tiempo, pues de verdad que todo lo cura, todo pasa.









Imagen: Danapra




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