marzo 28, 2008

La Taxonomista de Mounstros




Tenía todo un cúmulo de mounstros, de diferentes tamaños, colores y formas, toda su casa estaba llena de ellos y es que desde que decidió asumir su condición emancipada comenzaron a salir ilimitadamente. Al principio estaba muy asustada pues ignoraba la existencia de tales seres en su mundo. Después comenzó a sentir una especie de familiaridad con ellos, pero con el paso del tiempo una imperante necesidad de orden la llevó a comenzar una fuerte actividad de clasificación, sobre todo para rescatar aquellos que realmente le pertenecían.

Clasificación No. 1: “los mountros adoptados”, aquellos que por alguna extraña razón le habían resultado agradables, útiles o necesarios pero que no eran del todo suyos y que había decidido llevarse a casa.

Clasificación No. 2: los mountros del tipo “dije burro y quisiste viaje”; aquellos que simplemente se le fueron pegando en el camino pero de los que ella no era del todo responsable ni consciente. Éstos sencillamente eran innecesarios pero estaban allí holgazaneando en su casita.

Clasificación No. 3: "los mountros ajenos y desgastantes"; éstos eran los más importantes porque su origen se debía a la existencia de otros personajes de su vida, por lo que requerían una sub clasificación de acuerdo a la persona de quien provenían, por lo que en la pancita de cada uno colocó una etiqueta que decía algo así: “mounstro de mamá” o “mounstro de Jorge” (su ex) o “mounstro mordelón especialmente peligroso de la abuela Nicolasa”, “mounstro gordo y vampiro tóxico de mi tía Chelito” o “mounstro inútil y pesado de mi papá”.

Y así poco a poco fue culminando esa extenuante y necesaria tarea para después llegar a una difícil decisión: cuáles mountros se quedarían y cuáles era necesario correr de la casa. No sería cruel con los que expulsaría de su mundo, pues sabía que en algún momento de su historia fueron útiles o le ayudaron a sobrevivir en su entorno, sin embargo sí sería determinante con su decisión y, de acuerdo a la etiqueta colocada fue seleccionando mounstritos, unos como fieles compañeros y otros para despedirlos con un dulce beso en la frente.

Y fue así como los que se quedaron pudieron disfrutar de un espacio más libre para correr por toda la casa, y ella de vez en cuando los detenía para observarlos y acariciarlos con detenimiento evocando con el tacto el momento en el que los eligió como compañeros.
Imagen: Henrik Halvarsson

Don´t let Him Waste Your Time

marzo 11, 2008

El Alma en Bocanadas




Cada vez era como empezar de nuevo, como si nunca lo hubieran hecho; ella lo contemplaba todas las mañanas a través de su ventana; él fumando, expulsando bocanadas en espiral, llamándola y mirando de reojo a la mujer que lo espiaba sigilosamente. Él lo sabía, pero fingía que no y la atraía con el humo que moldeaba suavemente con sus labios. Ella salía de su escondite y se iba acercando a él, despacito, sin hacer ruido, sintiendo su propio peso en las plantas de sus pies descalzos.
De repente ella caía, caía al vacío infinito de un abrazo trepador, cerraba los ojos y surgía el desmoronamiento instantáneo en el que su muerte se acercaba lentamente, experimentaba el vértigo y la sensación de caer sin resistencia alguna. Después, en un abrazo de tacto se sumergía en un profundo océano de luces silenciosas en el que su cuerpo cobraba otro estado físico y se derretía perdiendo por completo su forma humana. Finalmente con el apretón en el que sus muslos se entrelazaban, se desprendía expulsada por una fuerza extraña hacia el espacio exterior, se transformaba en estrella fugaz y le gustaba, le aterraba y le gustaba. Sus abrazos eran un gran puente de unión bilateral y también eran un enlace que ella utilizaba para trasladarse a una zona de desprendimientos y muertes chiquitas lentísimas.
Tenían una relación completamente lúdica en la que ella jugaba a morir de amor y él a matarla lentamente con abrazos que le secuestraban temporalmente la cordura, pero ese juego terminaría hasta que él quisiera y ella lo supo una mañana que despertó como de costumbre dispuesta a iniciar el ritual de espionaje y de fingida ingenuidad. Se asomó por la ventana y él estaba allí, exhalando fumarolas con las que ella comenzó a enfermarse, en su pecho experimentó la sensación de un puñal que atraviesa todo lo que se encuentra a su paso, sus piernas se fueron doblando poco a poco hasta caer, en un intento de fortaleza quiso mirarlo por última vez y descubrió todo: el diablo se estaba fumando su alma. Hizo un pacto silencioso con él y había llegado el momento pagar.
El frío y la soledad la orillaron a aceptar un trato cuyas cláusulas eran invisibles, finalmente valía la pena morir teniendo la certeza de haber explotado el corazón hasta la última gota y sin miedo.

Imagen: Nicolás Henri

marzo 06, 2008

El Bosque Enfermo de Katherine




No tenía una idea muy clara de cómo la quería pero empezó a tejer en su cabeza. Sabía el color, la textura y la densidad, más no la forma ni el tamaño. Poco a poco fue permitiendo que sus manos se dejaran llevar por movimientos ligeramente voluntarios y así la fue construyendo, sin patrones, sin un modelo ni una imagen concreta, puntada tras puntada, hilo con hilo fue dándole forma a esa prenda que en realidad era un plan. Tenía varias noches escuchando voces en su cabeza “la venganza es un plato que se come frío”, le decía una de ellas y cuando escuchaba esto apretaba fuertemente los hilos de su tejido y desde sus vísceras ese proyecto iba adquiriendo una claridad cada vez más satisfactoria. No lo haré, pensaba en algunos momentos de lucidez inusitada; sí, si lo haré se contestaba con un tono de voz tan distinto al anterior que parecía venir de otra persona totalmente diferente. Pasaron varios meses tejiendo y destejiendo, agregando colores e incluso nudos, transcurrieron noches enteras con diálogos internos interminables, escuchando todo un collage de voces que se contradecían y se entremezclaban hasta la saturación insoportable. No-lo-haré/Sí-lo-haré/La-venganza-es-un-plato-que-se-come-frío/noloharé/síloharé/lavenganzaesunplatoquesecomefrío.

Una mañana Katherine despertó con sus tres voces más fuertes que de costumbre, miró a John, su marido dormido y lo odió como nunca antes lo había odiado. Tuvo la certeza de inmediato, su telar ahora tenía una forma perfecta y sería para él, aún cuando la memoria tuviera otros rostros y otras historias verdaderamente dolorosas, esa prenda tejida desde su locura sería para él, para nadie más.

Treinta y siete puñaladas pusieron fin a la vida de John; Katherine extrajo un cuchillo de carnicero del matadero donde trabajaba y con él apuñaló y descuartizó a su marido, más este plan no terminaría en ese punto, decidió congelarlo por partes para irlo cocinando con legumbres en salsa, platillo del que se alimentaron sus propios hijos ingenuamente.

Katherine tejió su venganza, y envuelta en su telaraña puso fin al mundo que habitaba fríamente para entregarse a otro del que nunca saldrá para contarlo.


Nota: basado en un hecho real ocurrido en Australia en Febrero del año 2000. Se puede leer sobre el caso en el blog maltratadoras.blogspot.com

Imagen: Danapra

febrero 27, 2008

El Compañero Incómodo


Cada vez que abría el refrigerador lo veía, todas las noches estaba ahí, congelado, con la cara totalmente maligna y petrificada. Se burlaba de ella, que espantada, cerraba con un portazo el aparato y salía corriendo de la cocina tratando de convencerse de que no era real lo que había visto. Sin embargo a la noche siguiente volvía a suceder, ella confiada abría el refrigerador para sacar algún alimento y él estaba ahí, mirándola en silencio con ojos escrutadores y burlezcos. Ella lloraba cada vez que lo veía, se paralizaba de miedo y utilizaba toda una serie de recursos para huir de ese mounstrito impactante que no se atrevía a tocar ni a sacar de ahí.

Él era un mounstrito que ignoraba su origen, un día apareció de la nada dentro del refrigerardor de una mujer a la que disfrutaba torturar con su imagen, nadie le había dado semejante consigna, sin embargo, en cuanto ella abría el refrigerador, automáticamente se disparaba en él un instinto perverso que lo impulsaba a asustarla, pero cuando se percataba de su reacción y de la cara de sufrimiento que ella mostraba, se arrepentía terriblemente.

Ninguno de los dos entendía la existencia del otro, cada noche sucedía lo mismo, ella abría el frigorífico y él la asustaba; hasta que de repente, sin darse cuenta, habían construido una rutina de espanto y reparación de la que cada vez eran más dependientes, tanto, que cada uno esperaba el momento del día en el que sus caras se topaban para después separarse súbitamente.

Hasta que un día ella decidió romper con esa cadena de encuentros y desencuentros, pues estaba comenzando a angustiarse por el lejano contacto con ese ser que la atormentaba y que al mismo tiempo, por una extraña razón, estaba comenzando a necesitar. Ella se preguntaba acerca del origen de esa criatura espantosa, se cuestionaba acerca de sí misma y del miedo que experimentaba al verlo; no encontraba respuesta alguna, la única certeza que tenía era la de saber que estaba dispuesta a enfrentarlo. Por lo que una noche, de ésas en las que el insomnio se hace presente, decidió levantarse y sacarlo de la nevera, tomarlo entre sus manos y acariciarlo suavemente hasta descongelarlo, pero al momento de abrir el refrigerador se dio cuenta de que él se había esfumado, lo buscó desesperadamente, sacó los jitomates, las fresas, la carne y nada, no encontró un solo rastro, él había desaparecido. Se quedó pasmada ante semejante revelación y hasta la fecha no está del todo segura de la existencia de ese mounstro con el que, a pesar de todo, tantas noches se sintió acompañada.

En cuanto a él, nadie lo ha vuelto a ver porque nadie sabe que ahora duerme tranquilamente en el refrigerador interno de ella y que está dispuesto a despertar cada vez que sea necesario, cada vez que haya que enfrentar noches de insomnio y días amarillentos de desolación.

Imágen: Henryk Alvarson

febrero 25, 2008

Ella también regresó a Su Casa



"New Soul"

Yael Naim

febrero 21, 2008

Confesiones de una Medusa de Mar Culposa







Mi presencia en algunas costas se ha convertido en un hecho frecuente, sobre todo en tiempos de soledades y ataques de pánico, esos temporales me acercan hasta la orilla, soy un fenómeno natural que no puede ser detenido, ya que no depende de mi voluntad ni de la de ningún hombre.

Te aseguro que no ataco por placer, tengo unas células urticantes, conteniendo en su interior un veneno y cuando lo suelto, es para cazar o para defenderme de algún peligro real o imaginario.

Por norma general, mis picaduras no suelen ser graves, aunque siempre hay excepciones.

Si hay algo que caracteriza a esas picaduras es la molestia y el ardor que representan.

Síntomas de la picadura de medusa:

Los síntomas comunes a las picaduras de medusas sin contar con que la víctima sea alérgica o tenga algún tipo de enfermedad que haga variar estos, son:

Dolor, emocional y físico
Ardor, emocional y físico
Inflamación, de la parte afectada y sobre todo del lado izquierdo del cuerpo
Enrojecimiento, principalmente del alma
Sangrado, solo en casos extremos y principalmente en la cordura

Primeros Auxilios ante una picadura de medusa:

Cuando una medusa te ha picado, el dolor y picor es inmediato, lo primero que hay que hacer es limpiar la zona afectada por la picadura, si es posible con caricias autoaplicadas.


Nunca deberemos usar agua dulce, ya que aunque parezca increíble, hay aguas dulces muy embusteras que rompen las células urticantes y puedes sufrir otra picadura.


Para limpiar la zona, el suero fisiológico es perfecto y también la saliva de algunos bellos recuerdos.


En caso de no haber, el agua salada también podrá ser una solución, principalmente la que sale de los ojos o de las nubes de otoño.


Durante 15 minutos aproximadamente deberás aplicar frío y resguardo a la zona afectada, no aplicar el hielo directamente sobre la picadura, sino cubierto con algún paño o toalla, si se tiene la posibilidad de recurrir a la mirada de algún oso polar o pingüino, esto será de mucho alivio.


Si hay algún resto de tentáculo adherido a tu piel, debes quitarlo, pero nunca con las manos. Utiliza unas pinzas. Y si esto sucede toma en cuenta que te has quedado con una parte de mí y que eso para mí tampoco es fácil.


También se administrará un antihistamínico, para la reacción y un analgésico para el dolor.


Si el dolor es muy intenso o el estado de la víctima empeora, deberá acudir a un refugio de inmediato.


No hay que frotarse ni con toallas, ni con arena, ni con sirenas, ni con nada que pueda lastimarte más.


Y sobre todo, es cuestión de tiempo, pues de verdad que todo lo cura, todo pasa.









Imagen: Danapra




boomp3.com

febrero 18, 2008

NUDE




Radiohead

febrero 17, 2008

Mujer-Meteorito



Por fin lo hizo: pudo morder la manzana, una “red delicious” entre sus dientes y se convirtió en un meteorito, incontenible, insostenible, inparable. No supo en qué momento optó por ese contacto explosivo al que tanto le temía, pero ahí estaba de repente envuelta en llamas, a una velocidad suficiente como para que nadie pueda detenerle, ni siquiera la caída interminable de los corazones que están a punto de reventar como ampollas. Eligió el vuelo, la explosión y traspasó aquel espejo transparente cuyas venas cada vez eran más espesas. Hoy entró a ese planeta que parecía tan lejano y tétrico, ya no le importa perderse. Con los residuos del miedo fortaleció la tranquilidad de una huída estoica, y con los restos de la tristeza está lista para sentir su piel erizada y para perder ocasionalmente las dimensiones de su cuerpo.
Imagen: Ira Bordo
boomp3.com

febrero 12, 2008

De Regreso a Casa

Se detuvo y estuvo parada mucho tiempo, ahí justo en esa piedra roja, dijeron algunos que la vieron vagando por última vez. Otros dicen que la vieron caminar muy despacio con la mirada perdida y que de vez en cuando se detenía para tocar algún árbol o para recoger un diente de león. Algunos otros dicen que platicaba con perros y gatos callejeros, preguntando por el camino de regreso, pero en ese momento no tenía muy claro hacia dónde quería llegar. Hubo quienes le regalaron mapas o le indicaban el camino con señas, hubo incluso quien le obsequió una brújula. Sin embargo, fue mucho el tiempo que estuvo perdida. Hasta que un día se topó con lo que necesitaba. Primero fueron unos ojos, los ojos flecha de un Mujer Rota que como ella, sabe lo que es estar mucho tiempo lejos de casa; después fue un corazón, el corazón linterna de una Reina Galáctica que conocía perfectamente la sensación de saberse perdido. A mitad de camino las manos de una Cortapelos de tacto suave la guiaron lentamente por la parte más oscura del camino y finalmente un grupo de luciérnagas la acompañaron hasta que ella poco a poco fue recobrando la memoria para regresar a su casa.






Nadie sabe qué pasó estando lejos, a nadie ha contado la totalidad de la historia, dicen los que la vieron llegar que tenía su vestido manchado de sangre y moretones por todo el cuerpo; otros dicen que la sangre no era de ella, sino de un hombre al que mató a quemarropa; muchos otros comentan que perdió la memoria en un accidente automovilístico y que por eso tardó tanto tiempo en regresar, lo cierto es que algo fuerte sucedió, pues aun no termina de desempolvar su casita y se le puede oír llorar durante algunas noches. Y cuando se le pregunta sobre lo sucedido ella simplemente responde: “hice un viaje inevitable, algunas veces para poder conocer nuestra casa es necesario ir y venir de las tinieblas”.

Imágenes: Nicolás Henri

febrero 06, 2008

Expresos en el desierto

La trayectoria para unir un punto con otro está abierta a un infinito número de posibilidades...













Había un camino mágico, ellos lo comenzaron a recorrer en silencio, miraban el paisaje a través de las ventanas del automóvil y no decían nada, únicamente contemplaban los colores y las nubes con su espesito andar. Ninguno de los dos sabía hacia donde llevaba ese camino sinuoso, a lo lejos se escuchaba una canción, los sonidos eran sutiles pero se intensificaban con el silencio que dominaba la escena. Ella miraba de reojo a su acompañante, que aunque desconocido en un nivel cuantitativo, pareciera como si existiera entre ellos una familiaridad fenomenológica que ambos alcanzaban a percibir y con la que se tranquilizaban, por lo que el silencio no era incómodo, por el contrario, era como estar en casa con un viejo compañero de ruta. Detrás de ellos se iban quedando espacios, cuadros, palabras, susurros, perros y colores, muchos colores, cada uno entablaba consigo mismo la conversación que le hubiera gustado proponer y que sin embargo, por alguna extraña razón, no se atrevían. El tiempo transcurría azul, tan azul que era lento y suave. Ellos, arrojados en un desierto inmenso que se los podría tragar sin ninguna dificultad, respiraban el olor de un viaje, la tentación del arrepentimiento y sobre todo, la atmósfera pesada de una trayectoria incierta. Ninguno de los dos hablaría de sus razones, ninguno de los dos hablaría de su historia, ni de su triste final, mucho menos de lo que fue haber traspasado la barrera de la que resulta imposible regresar. Ambos se sabían del otro lado, compartían la complicidad de compañeros de celda, de su propia celda, de su propio infierno y con la mirada habían decidido acompañarse en silencio, dignificando su dolor, el dolor de volver la mirada hacia atrás y reconocer que no hubo ninguna razón para quedarse.






De pronto se toparon con un entronque, era la señal esperada, él se detuvo; ella respiró y sonrió cálidamente. Se miraron y de sus ojos brotó una luz amarilla que lograron intercambiar, lo sabían, los expresidiarios se reconocen a simple vista y aunque decidieron no articular con palabras nada que tuviera que ver con eso, en realidad se lo habían dicho todo. Estaban cansados y temerosos, ellos conocían la distancia, el silencio y el vértigo y veían en los ojos del otro su propia necesidad de equilibrio. Ella se fue bajando del automóvil mientras le enviaba a su amigo secreto una sonrisa a distancia, esa distancia protectora que solo saben marcar quienes han estado sumergidos con cocodrilos en los pantanos . Ella cerró la portezuela y a través de la ventana se asomó para hacer con su mano una seña de despedida, él regresó la señal y se despidió también de su compañera silenciosa y cálida. Pisó el acelerador y se fue dejando a su paso las huellas del automóvil que lo transportaría hacia su nueva parada.

Imágenes: Danapra

febrero 04, 2008

Otros Bosques


..."The heart wants to explode far away
Where nobody knows"
Imagen: Albino Octopus
Canción y frase: Cat Power

El Bosque de Ellas

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enero 29, 2008

Residuos del Inconsciente


-¿Lo viste?
-¿A quién?, ¿qué cosa?
-Eso que pasó y que dejó un olor extraño… como a hierbas
-No, ni vi, ni olí nada
-Estoy segura de que lo vi… es más, huele, aún huele, es… hierbitas
-No sé de qué hablas
-¡Mira¡ detrás de la cortina, ¡ahí está¡
-¡No me asustes¡ No voy a voltear
-Claro, voltea, mira
-Está bien… Ah¡ ¿eso?, ¿eso que se ve detrás de la cortina?
-Sí, eso
-Ah, eso es… eso es… ¿cómo decirlo?... es...
-¿Qué es?
-Un residuo de mi inconsciente, se me salió ayer en mi terapia y no he sabido qué hacerle… no lo quise dejar en el consultorio y me dio pena decirle a la terapeuta. Creí que tú no lo notarías, además huele rico, creo que es un fantasma del bosque.
-¿Qué?, ¿se te salió un residuo del inconsciente en tu terapia y te lo trajiste a la casa sin pensar en las consecuencias?
-Es que ayer trabajé mi niña interior y es muy probable que se trate del residuo de alguna fantasía infantil o algo así, quizás sea un recuerdo relacionado con las vacaciones de verano o de algún sueño. La verdad es que lo quiero. ¿Se puede quedar?
-No lo sé… necesito verlo de cerca… quiero tocarlo…
-Tócalo es muy lindo, creo que es el residuo de un sueño muy bonito, te lo contaré: verás… yo iba volando dentro del vientre de una mantis religiosa, podía contemplar un hermoso mundo con todos sus colores a una intensidad por encima de lo normal, yo sabía que estaba dentro de ella, la mantis, y veía todo a través de su vientre transparente… hasta que…
-¿Hasta que qué?
-De pronto aparecía él, un duende malo, salía con una aguja enorme y comenzaba a perseguir a la mantis para perforarle el estómago…
-Y, ¿qué hacías?
-Le gritaba desde dentro, le suplicaba que no lo hiciera… pero lo hizo, le clavó la aguja en el vientre y yo caí, caí…
-¿Y la mantis?
-No lo sé, desaparecía
-¿Y qué tiene de bonito ese sueño?
-Que fue mi primera caída y… desde entonces encontré el lado placentero de esa sensación.
Imagen: Danapra

enero 21, 2008

Mi Cisne...



No sé qué tenga que hacer, ni sé que tenga que pasar, sin embargo, si es necesario, me compraré un cisne para perder la libertad de suicidarme...
Imagen: Eugenio Recuenco

enero 18, 2008

Se Busca Calor

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enero 16, 2008

La Mordedura Tajante



Lanzó las monedas, el Libro de las Mutaciones habló y la primera sentencia fue anunciada:

La mordedura tajante; el fuego con su adherencia y el trueno con un suscitativo movimiento. Su boca estaba abierta con una obstrucción entre los dientes, quería morder enérgicamente pero no podía unir sus labios.
Había un criminal de por medio, sus huellas eran latentes, él espiaba, él traicionaba, él bloqueaba, él sonreía mientras huía. El aviso estaba dado: “prevenir una lesión permanente”.

Nueve en el primer puesto

Perdió su primera oportunidad, ya era demasiado tarde para aplicar una pena suave, la trayectoria del mal no había sido detenida, los dedos de los pies seguían intactos, la transgresión no fue inmovilizada, el criminal pudo continuar.

Seis en el segundo puesto

Tuvo la opción de morder su carne blanda y desaparecerle la nariz, pero supo que el criminal era un personaje endurecido despertado por el cólera. No pudo ir demasiado lejos, sintió compasión y miedo.

Seis en el tercer puesto

Era el momento de morder ahora la vieja carne seca, sin embargo también era venenosa, despertaría odio, y no quiso enterrar los dientes, sentía que moriría, no tenía ni la energía ni la autoridad para castigarlo.

Nueve en el cuarto puesto

Mordeduras en carne seca, era necesaria la perseverancia, acudir por flechas de metal, recibir más datos, información del criminal que cada vez representaba una resistencia más difícil de superar. Él todavía no daba luz y decidió que su castigo tomaría un tiempo lógico.

Seis en el quinto puesto

Las oportunidades se agotaban, era justo el tiempo para la mordedura en carne magra seca, estaba perseveradamente enterada del peligro, el hecho no estaba siendo fácil, pero sí perfectamente claro. Y renunció al oro amarillo.

Nueve en el sexto puesto

Las referencias indican un criminal incorregible, solo le quedaba tomar el collar de madera, desaparecerle los oídos y condenarlo al aislamiento… pero aún necesita fuerza, las horas pasan y su corazón se aprieta, el criminal sigue suelto y cada día deja más huellas en el lugar de los hechos.
Imagen: Lylia Corneli

enero 10, 2008

Desde el exilio de sí mismo



Los refugiados se dividen en dos clases: aquellos con fotografías y aquellos sin fotografías, dijo un refugiado bosnio”


Dubravka Ugresic, “El museo de la Rendición incondicional”



Desde su exilio se ve a través de la ventana y sabe que está en la frontera, al sur de la cordura, esperando un tigre para pisarle la cola. Y aunque su boca, una vez más no se quiere desprender, dejará que sus venas vuelen como libélulas porque ya está cansada, le gana esa fuerza de gravedad enloquecida y no puede, ya no puede. En ese último intento se arriesgó porque su estómago aún no conocía la acidez suficiente como para descubrir la irreversibilidad del daño, sus bronquios todavía no detectaban la toxicidad de ese oxígeno y sus riñones, esos con los que creía tener mucho contacto, aún no punzaban como bisturís arrepentidos. Desde su exilio sabe que por ahora no pertenece a ningún lugar, sin embargo aún hay pedacitos, recuerdos y fotografías con las que podrá ir tejiendo una nueva prenda para su equilibrio mental.
Imagen: Ira Bordo

enero 07, 2008

La Súplica




“Había dos Isabeles, una que deambulaba por los patios y las habitaciones y la otra que vivía en una esfera lejana, fija en el espacio. Supersticiosa tocaba los objetos para comunicarse con el mundo aparente y cogía un libro o un salero como punto de apoyo para no caer en el vacío. Así establecía un fluído mágico entre la Isabel real y la Isabel irreal y se sentía consolada”

Elena Garro, “Los recuerdos del porvenir”





Sé que soy real, sólo te pido que no me dejes ir, no me desvíes la mirada, no permitas que mi cuerpo sumergido en un lago hemático sea el que cuente mi historia. No permitas que discursos incoherentes narren mi dolor y la inexistencia de un tenedor para anclarme en la tierra. No quiero estar ahí. No permitas que mis brazos se adhieran a esas frías paredes, ni que por mi garganta se deslice la fuga de este meteorito ansioso por llegar a algún lugar, te lo suplico hoy que perdí los mapas; hoy que el amarillento día se me embarra en la piel hasta transformarla en fractales.

Podría rezar, repetir oraciones innumerablemente hasta alterar por completo lo poco que me queda de conciencia. Podría aferrarme a una piedra, a las palabras con las que me enseñaron a invocar una dulce compañía. Podría hacer un último esfuerzo y correr, correr hasta el desmayo. Podría poner de mi parte insertándome los dedos en la clavícula, contribuir vomitando, gritando mi nombre, aferrándome a un árbol hasta convertirme en una fruta extraña. Pero, y te lo digo con el pánico de quien por primera vez se sabe oscuro y perecedero, éste es mi último recurso.

Déjame tocarte por favor, necesito medirte con respiraciones, saber que mi cuerpo tiene la solidificación suficiente para considerarlo real, ayúdame a enlazarme con mi carne, a sentir mis pies, a unificar las miles de partículas en las que he explotado, detenme, dame un poquito de dolor si es necesario, no me quiero perder, regálame una cicatriz que sea un puente severo, mudo y petrificado, haz una fortaleza que encierre gritos, palabras, mensajes inolvidables que fortalezcan mis sentidos ante cualquier amenaza y sobre todo, que sean tus ojos los que me miren antes de convertirme en piedra.




Imagen: Ira Bordo